Larry Carmona

Tiemblen artistas, intelectuales, poetas, revolucionarios. He aquí las contradicciones, el fulgor, la mortal y hedonista vida del misterioso reptil que ha decidido contarnos de su existencia, que ejerce (sin que lo sepamos) una poderosa influencia sobre nuestras vidas. La filosofía fría y el pensamiento rotundo de la (el) iguana más pulento y cachondo jamás visto.

Nombre: Larry

martes, septiembre 19, 2006

AIR LARRY, AY

Cansado de las conmemoraciones nacionalistas (Larry no cree en la patria, aunque décadas atrás comulgaba con la nueva patria y el volkgeist le resultaba coherente), Larry ha decidido desempolvar el antiguo biplano que Manfred Albrecht Freiharr von Richthofen le había enseñado a pilotear, y así ver el triste espectáculo que es Santiago de Chile. Las lágrimas le resultan ajenas, un prodigio de otra especie, tan lejano como a un ciego le resultan el azul azabache del mar. Larry rememora otras épocas doradas que no aparecen en los libros. Larry debe sentir algo que los brasileños llaman saudade. Larry desearía que las alas de su Fokker estuviesen cargadas de misiles. Larry cree que la guerra es inevitable y necesaria. ¡Malditos tiempo de aparente paz y concenso!, masculla para sus adentros. Larry cree que Santiago de Chile debería ser bombardeado desde los aires.

lunes, septiembre 11, 2006

Larry Carmona en su hogar

Larry, para poder sobrevivir en este frío país, ha debido optar por unir habitat y placer, matando 2 pájaros de un tiro (término absolutamente figurativo para Larry), por lo que su morada es una antigua biblioteca de un agraciado, perspicaz y permisivo mozuelo de Santiago Centro. Allí se alimenta de pelusas que emiten los libros, las que devora al rítmo de cruciales reflexiones sobre, por ejemplo, la diferencia entre fenómeno y cosa en sí en Kant. Hay noches en que Larry cree conversar y seducir a Constance Chatterley, la famosa lady de D. H. Lawrence. Larry cree en la imaginación con la misma firmeza con que ud. cree leer estas líneas.

Larry Carmona

Larry Carmona, conocedor de los juegos especulares, nos muestra su apacible vida actual (tan alejada a su pasado convulsionado y contradictorio), tomando sol, y también cuando no lo soportó más (y acudió a las gafas que Malcolm X le obsequió hace algunos años a fortiori), en una franca actitud coqueta y de galantería para con las vecinas del barrio, en una de las prácticas favoritas y habituales del buen Larry.